| EL CANJE HUMANITARIO,
LIBRACION SIMULTÁNEA DE RETENIDOS O SECUESTRADOS: UN DOLOR QUE NO ACABA |
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Con la guerra que nos aterroriza hace
ya más de 50 años y que poco a poco se ha ido convirtiendo en nuestra
cotidianidad, hemos crecido y vivido muchos colombianos. Y en esa confrontación
cruenta entre la búsqueda del poder por una parte y de la otra por el
mantenimiento del establecimiento y su autoridad, apareció una nueva
modalidad infame para ocasionarle más dolor al pais: la retención de
personas por parte de los grupos alzados en armas, para convertirlas
posteriormente en piezas claves de ese ajedrez siniestro y deplorable
de la guerra. Un estimado a julio del 2005 nos asegura que las FARC mantienen secuestrados
a 2500 civiles. Es necesario tener en cuenta que a diferencia de los
secuestros que comete la guerrilla, las autodefensas jamás han reconocido
cometer ese delito. Por tanto, a diferencia de lo que sucede con las
FARC o el ELN, no suelen exigir dinero para liberar a los plagiados
y tampoco envían pruebas de supervivencia. Sin embargo, la Fundación
Nueva Esperanza estima que entre 1996 y 2004 los paramilitares secuestraron
a 509 personas. Los volúmenes del secuestro en Colombia registraron un incremento constante
hasta el 2001. En el año 2000, por ejemplo, la triste cifra de secuestrados
fue: 3706 personas. En el 2002 las estadísticas mostraron cierta disminución,
3.260 personas perdieron su libertad, un 85% de ellas fueron secuestradas
por algún grupo guerrillero. Para algunas fuentes esta disminución responde
al incremento del pago previo de extorsiones para evitar el secuestro
(datos de País Libre y Fondelibertad). Desde las tantas palabras mil veces
repetidas en los medios, el Acuerdo Humanitario, no ha sufrido la mella
de la palabra usada, pues cada vez que se pronuncia renace la esperanza
de que esa gestión sea el camino para el abrazo del reencuentro con
los seres que la violencia alejó de cientos de hogares en Colombia. Pero parecería que con este gobierno
del señor Uribe, la posibilidad de ese Acuerdo Humanitario se aleja
porque, como muchos ya lo han señalado, “no es un asunto de voluntad
política, sino un asunto de incompatibilidad en las estrategias y los
objetivos políticos y militares” de cada uno de los que se enfrentan
en este tire y afloje de poderes. Porque el canje humanitario no requiere
de muchas reflexiones ni de sesudos estudios; como dice el poeta “nuestra
angustia estimado siquiatra, es simplemente angustia, no busquéis otras
causas con hipótesis raras”. Al Canje Humanitario, sólo le falta ese
ingrediente: la voluntad, el sentimiento, la sensibilidad hacia el dolor
y hacia la angustia de los otros compañeros de país, en este caso de
conciudadanos a quienes la guerra ha destrozado la tranquilidad y les
ha escindido sus familias. Lo difícil para las partes en conflicto
es no caer en el pensamiento arrogante de que se esta cediendo al contrario.
El gobierno, que es el poseedor del mandato para preservar la tranquilidad
ciudadana, de respetar y hacer respetar los Derechos Humanos, debe sin
el temor de estar siendo objeto de sometimiento al enemigo, demostrar
que le importa sobre todo y ante todo el bienestar de sus ciudadanos. Uno de los temas que es más recurrente
en este pulso de los poderes: del Estado y de la insurgencia, es el
del miedo que existe por parte de la oficialidad a reconocer el estatus
de fuerza beligerante a los alzados en armas y que esta guerra se pueda
prolongar infinitamente al tener dos Estados dentro del Estado. Pero
viéndolo bien de nada ha servido no reconocer su estatus de beligerancia
y aventarles palabras como “bandoleros y terroristas”. Ahí siguen, obligando
a la nación colombiana a menguar cada día más las arcas del estado en
favor de la guerra y en contra del bienestar de los colombianos. Ese
lenguaje más parece fanfarronadas, poses para disimular, que existe
una realidad asumida y lo que es peor, ese lenguaje usado por la oficialidad
sólo sirve de provocación y alejamiento en el tema del Acuerdo Humanitario. Es la hora de que el Gobierno reconozca
un conflicto de mil maneras ya reconocido.¿O
no es reconocimiento pedir ayuda económica internacional, subir y crear
nuevos impuestos en desmedro del bolsillo de los ciudadanos colombianos,
mermar los presupuestos para el desarrollo social y ponerlo al servicio
de la compra y actualización del aparato bélico? Si eso no es reconocer
que en el pais hay un conflicto, no sabemos cómo de otra manera se puede
llamar. Que existe un conflicto ya nadie lo niega, ni siquiera el actual
mandatario que un día, hace poco por cierto, señaló que reconocería
que hay conflicto si…,.es decir, condicionó
el reconocimiento del hecho al acomodo de sus necesidades políticas.
Reconocer el conflicto es dar un paso hacia la solución del mismo, porque
¿cómo dar solución a un problema si este no existe? La retención de personas es una arma
de guerra, una arma cruel y despiadada, pero arma al fin de cuentas
que se viene utilizando para un fin político que no tiene justificación
de ninguna índole. Lo que se pretende en el fondo de todo
este intercambio de palabras e ideas sobre el Acuerdo Humanitario, es liberar a los civiles,
que no participan del conflicto, así estén inmersos en el sin proponérselo,
liberarlos ya y para siempre de los efectos nocivos de la guerra que
padecemos para que vuelvan a sus hogares con
los seres que quieren y les quieren. Lo que definitivamente se pretende
es la liberación de las personas en poder de los insurgentes pero de
una manera segura, no mediante una acción militar que lleve más dolor
a los familiares de los retenidos. Ese método que se busca es uno que
dé satisfacciones a los dirigentes de la subversión de un lado y a los
representantes de la nación en el otro, pero hasta hoy parece extraviado
en la terquedad de las posiciones que asumen los bandos en confrontación,
mientras cada día se arruga mas al alma de quienes nada saben de los
seres que aman y de los que solamente tienen la certeza que están por
ahí en algún lugar de las montañas de Colombia. ¿Cual es el temor a pactar?, ¿será
que los mueve más los intereses políticos que los del gesto sencillamente
humanitario? Es más codiciado el beneficio publicitario que se pueda
obtener por el gesto que los resultados reales de la acción misma? Mientras se buscan las formulas que
no vayan en detrimento de ninguno de los confrontados en este pulso
que todos miramos horrorizados y desesperanzados, los hombres, mujeres
y niños que están en poder de los alzados en armas, deben de sentir
la impotencia de pertenecer a un pais en donde las decisiones tardan
años y años en tomarse y también les deben doler ser hijo de una patria
que no les tiene en cuenta y les abandona a la suerte de ese juego de
poderes de los cuales pocos o nada saben o les interesa saber. Lo que mas produce impotencia es que
la solución esté en manos de una sola persona: el Presidente Uribe,
quien llegó al poder esgrimiendo el discurso en contra de la confrontación
armada y que ha cumplido con precisión de obcecado pero que de los resultados
para el termino del conflicto parece que no han dado los efectos tan
fehacientemente promulgados. Uribe ha mantenido su posición militarista,
y es por ello que en toda la patria retumban los tiros que se lanzan
desde los distintos bandos de la sinrazón. Pero lo triste de la historia
es que los tiros no cesan, los partes de guerra cada día crecen sin
minimizarse, se hacen necesarias mas armas, mas helicópteros, mas lanchas,
mas municiones, mas bombas, mas aviones, pero la guerra, la confrontación
no decrece, por el contrario a veces arrecia y estremece el alma de
todos los compatriotas que no entienden la ecuación que debería ser:
a más armas más triunfos, pero no, la realidad es que a mas armas, mas muertos y más prolongación
de las confrontaciones. De nada ha valido que se le proponga
condescender por escasos días pedazos de pais para iniciar las conversaciones
sobre el acuerdo, la terquedad es también un arma en esta guerra de
terquedades. Por qué no entregar por 30 días las zonas que piden las
FARC en el Valle del Cauca en Pradera y Florida. Que son 30 días comparados
a los años de retención que han sufrido los seres que están en poder
de los guerrilleros, y autodefensas? ¿Porque
no intentar un último ensayo? Porque no aplicar ese principio paisa
que debería de acompañar al Presidente tan dado a los refranes: “quien
aguanta lo mas, aguanta lo menos”. Pero no, la orden es de acabar con
esos bandoleros…que no se acaban con palabras sino que cada día aumentan
en sus acciones. En definitiva el Acuerdo, canje o liberación
simultanea de retenidos, es en finalmente una decisión política con
varias opciones jurídicas que sería posible si funcionará el corazón
grande del señor Uribe y se olvidara de los odios que motivan su mano firme. No se pide otra cosa a que se haga
un ejercicio de humanidad para acabar con el sufrimiento de las personas
retenidas, algunas hasta por más de 6 años y el de sus familias en una
espera que desespera, pero que no desesperanza nunca. Muchos creemos que el Canje si se puede
realizar pues así lo señalan los antecedentes que existen al respecto: - El Acuerdo de Remolinos
del Caguán entre el gobierno de Ernesto Samper y las FARC gracias al
que se obtuvo en 1997 la liberación de 60 soldados y 10 infantes de
marina. - Los acuerdos entre
el gobierno de Andrés Pastrana y el ELN mediante los cuales recuperaron
su libertad los secuestrados de La María, el avión de Avianca, el kilómetro
18 y dos policías enfermos. - La liberación -en
la Navidad de 2003- de 29 policías, 10 soldados y 3 agentes del Das
por parte del ELN. - El Acuerdo de los
Pozos en 2001 -entre el gobierno Pastrana y las FARC- que puso fin al
cautiverio de 42 policías y soldados enfermos a cambio de 15 guerrilleros.
- La liberación -el
27 de junio de 2001- de 310 policías y soldados en La Macarena (Meta)
y en Antioquia por parte de las FARC, en desarrollo de compromisos adquiridos
en el Acuerdo de los Pozos. O sea que el acuerdo, intercambio o
liberación simultánea de retenidos es posible teniendo como norte solamente
esa visión: que es un Acuerdo Humanitario para cumplirle al mas fundamental
de los Derechos Humanos: la libertad. Pero también falta una acción continuada
y puesta en operación con la misma obsesión como la de quienes ordenan
la guerra o participan de ella y es la de un pronunciamiento permanente
de la sociedad colombiana, sus organizaciones de toda índole y la comunidad
que puede ser victima de esta practica. Finalmente, ni lo queremos pensar,
será que al Presidente Uribe no le interesa la paz para poder mantenener un discurso
en contra de la guerra y prolongar su estadía en la casa de Nariño y
mas ahora que llegó la reelección? Manuel Tiberio Bermúdez |
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