| El
insepulto |
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Palabras
para leer en el encuentro de escritores por la paz en Caicedonia,noviembre 11 del 2005-11-03 |
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En
Colombia hay una eclosión de novelas pese a que hay una gigantesca falta
de lectores. Salen
novelas de todo tipo pero no aparecen ni quienes las lean ni quienes
las comenten ni quienes la pongan en la mesa de discusión. De
entre todas las últimas hay una que ni hecha para traer hoy a este encuentro
quijotesco: EL CADAVER INSEPULTO de Arturo Alape Esa
novela narra la eterna historia de este país en donde los asesinados
pese a ser enterrados quedan insepultos porque nadie averigua
por las razones o los culpables de
su muerte. Esta
novela de Alape pone el dedo en la llaga en un país en donde los desaparecidos
han sido tantos que ya no sabemos cuantos han sido de verdad,cuantos siguen siendo diariamente. Esta
novela arranca a jirones de la historia de Colombia el drama de todos
los que ahora llaman secuestrados pero que antes se llamaban presos políticos
y ahora hasta podrían llamarse prisioneros de guerra si unos y otros
admitieran que esta maldita matazón
es una verraca guerra que ni sabemos como ganarla ni podemos negociarla. EL
CADAVER INSEPULTO es la historia novelada del capitan
Tito Orozco,llamado
en la novela Ezequiel Toro. Es
la historia de un capitán de la policía a quienes Jorge Zalamea ,mi
maestro de las escalinatas y Adán Arriaga Andrade,el
primer ministro negro que hubo en Colombia,ilusionaron
el 9 de abril para que mantuviera bajo control de las fuerzas liberales
populares gaitanistas la estación quinta de policía de Bogotá. Es
la historia de un país contada desde la perspectiva del 9 de abril pero
no por los vericuetos de las víctimas o de los ganadores sino por la
estela del sufrimiento de la esposa del capitán de la policía a quien mandó fusilar el coronel Cuervo Araoz,que hasta gobernador de Caldas
llegó a ser pese a tener una pistola en la mano,pese
a disparar primero y averiguar después. Esta
novela es la fotografía de un país en donde la justicia la impone no
el estado sino los brazos armados de los grupos políticos o económicos que redactan las leyes o pactan los negocios
burocráticos. Esta
obra,la mejor sin
duda de todas las escritas con vehemencia y pasión por Arturo Alape
a lo largo de su productiva carrera literaria,es
una película que no por repetida deja de sorprender. Es
la narración de lo que pasó hace 55 años, de lo que pasó durantes estos
55 años, de lo que ha seguido pasando durante todo este medio siglo
y de lo que podrá seguir ocurriendo si los escritores no asumimos la
única misión que la falta de lectores nos ha dejado: la de ser los espolines
del gran trauma que debe sufrir Colombia para que deja a un lado el
camino de las injusticias. Es
una paradoja .La única manera de salir del hueco donde hemos caído es
olvidando lo que no debíamos olvidar.Es perdonando
lo que no debiamos perdonar. Nuestro genes no nos permiten seguir
dejando cadáveres insepultos porque seguiríamos buscando el desquite. Nuestra
cultura mafiosa,sembrada
en lo profundo de los espermatozoides de Sebastián de Belalcázar
o de los ovarios fértiles de la hija del cacique Petecuy. La
cultura mafiosa, construída peldaño a peldaño
por la mano alegre del general Santander enseñándole al partido liberal
a meterse al bolsillo los bienes del estado La
cultura mafiosa reconstruída por el general
Reyes haciendo pasar el ferrocarril de Buenaventura por sus predios
de Bitaco para no quedar lejos del progreso. La
cultura mafiosa restaurada por Pablo Escobar y los Rodríguez para que
todos los colombianos la sintiéramos como propia y nos incitara a esta
locura a donde hemos llegado. Esa
cultura mafiosa, esos genes de indias preñadas por españoles abusivos
y criminales,sobrantes de cárceles
. Ese
modo de actuar mafiosamente,mezclado
con los otros genes de negros perdedores de las guerras que los volvían esclavos de sus vencedores y carne de animal
de sus mercaderes. Ese
revuelto de blancos y negros e indios violentos aupados por la crueldad
sadomasoquista de la inquisición católica,apostólica
y romana,nos impide dejar un cadáver insepulto
mas.Nos obliga a olvidar y a perdonar. Al
capitán Tito Orozco,Ezequiel Toro en la mentalidad
novelistica de Alape,lo mandó fusilar
el coronel Cuervo Araoz,coronel de carne y hueso en la vida real y en la novela,
en un descampado del camino por donde subió Bolivar
con sus ejércitos libertadores.No lo castigó
la justicia.Lo mató la vida. Pero
doña Edelmira viuda de Orozco y sus hijos tampoco mandaron matar al
coronel Cuervo Araoz.No se desquitaron,buscaron
la verdad y aunque la novela no lo dice,perdonaron
y olvidaron para poder seguir viviendo. Los
rehenes de esta maldita guerra que hoy nos reunen
aquí son unos cadáveres insepultos como los del personaje central de
la novela de Alape. Los
hay desde Patascoy hasta del avión de Aires. Los
hay desde mucho antes de que Arteta fuera tomado por las fuerzas constitucionales
y los aguateros de Castaño cayeran en la trampa traicionera de quienes
creían sus amigos. Los
hay en las selvas y en las montañas de Colombia. Los hay en la cárcel
que los gringos hicieron en Cómbita y San
Isidro de Popayán. Y
todos, los perdidos y lejanos .Todos aquellos de los que no hemos vuelto
a saber .Todos,hasta
aquellos que el estado permite presenciar cada mes en su agonía del
encierro.Todos,son unos cadáveres insepultos. GUSTAVO
ALVAREZ GARDEAZABAL |
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